Impostoras, una obra que pone en tensión la idea de mentira y verdad

© Fabián Flores Bernales

Impostoras, una obra que pone en tensión la idea de mentira y verdad

26 de Julio de 2019

Apasionada por la historia y el teatro, Mariana Hausdorf presenta Impostoras, montaje que propone una interesante mirada sobre la construcción de nuestra propia identidad, preguntándose cuánto de ficción o realidad hay efectivamente en este proceso.

Por Lorena Caimanque L.

La realidad mata y la ficción salva. Todos ─ quizás algunos más que otros ─ construimos ficciones para sobrellevar nuestra propia existencia. Esta es la premisa que gira en torno a Impostoras, montaje que tendrá funciones el 25 y 26 de enero en el Teatro Camilo Henríquez y que está escrito y dirigido por Mariana Hausdorf Andrade, participante de la segunda versión del Programa de Dirección Escénica.

Interpretada por las actrices Heidrun Breier Funk, Sol De Caso Gazmuri y Renata Puelma Müller, la obra se inspira en el insólito caso real de tres mujeres que fueron acusadas de fingir algo que no son: la española Tania Head, una falsa sobreviviente del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York; la estadounidense Rachel Dolezal, una cuestionada activista por los derechos de personas afrodescendientes; y la polaca Ursula Nawa-Wanecki, doble de la canciller Angela Merkel en Alemania.

“Todas plantean una mentira desde lugares muy distintos”, explica su directora Mariana Hausdorf, y agrega que la obra más que juzgar o justificar el actuar de estas tres mujeres, “busca entender y plantear una reflexión sobre el límite entre realidad y ficción, entre verdad y mentira, y cómo, cuando se trata de construir nuestras propias identidades, a veces todos inventamos o mentimos un poco”.

Y más allá de la mentira, ¿cuál es el vínculo entre estos tres personajes?

— Para mí en la obra también aparece como subtexto la complejidad que tiene para las mujeres aparecer o estar en espacios públicos. Muchas veces hay que construirse a sí misma para estar en esos espacios, hay que protegerse para no ser descalificadas o subestimadas. En el fondo yo pensaba que el mentir también es una posibilidad de escapar de la realidad que tienes, de inventarte, de ser quien quieres ser. Y esa idea me parecía muy potente y subversiva del orden.

En ese sentido el teatro también te da el espacio de subvertir ese orden, ¿cómo lo analizas tú?

— El teatro te da la posibilidad de ser otra persona. Creo que quienes nos dedicamos a trabajar en teatro lo hacemos porque te permite pausar la realidad, ser, decir y hacer un montón de cosas que quizás en otros espacios no es posible.

En el fondo yo pensaba que el mentir también es una posibilidad de escapar de la realidad que tienes, de inventarte, de ser quien quieres ser. Y esa idea me parecía muy potente y subversiva del orden. ─ Mariana Hausdorf, dramaturga y directora de Impostoras.

Mariana forma parte de la segunda generación del Programa de Dirección Escénica, iniciativa de la Fundación Teatro a Mil que en colaboración con el Goethe-Institut y el Área Internacional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, está orientada a ofrecer un espacio experiencial en torno a la formación de jóvenes que comienzan su carrera como directores. © Fabián Flores Bernales


Cuestionar las evidencias

Oriunda de Puerto Montt, Mariana Hausdorf llegó a Santiago el año 2005 para estudiar teatro en la Universidad Católica. Sin embargo, estando en primer año de la carrera una fractura en su brazo la obligó a congelar algunos ramos, descubriendo una nueva gran pasión: la historia. “El proceso de recuperación de mi lesión fue lento, me fui enganchando de a poco con la historia y empecé a hacer carreras paralelas”.

¿De qué manera te marca tu formación en historia?

— Yo siento que el teatro y la historia son disciplinas muy afines. Creo que hago un poquito lo mismo en las dos, sólo que con distintas herramientas. Por ejemplo, en las dos cuento historias, el tema es discutir qué es lo que entendemos por contar historias, y por la misma historia, hoy en día. Y en ese sentido me interesa mucho aplicar la historiografía en el teatro, cuestionar las evidencias y los documentos en escena.

¿Cómo se expresa todo esto en Impostoras?

— Creo que igual es una obra que se da en un escenario y contexto actual donde la post-verdad y las fake news están muy presentes, donde hay una angustia contemporánea de no saber qué es verdad y qué es mentira. Y en la obra jugamos precisamente con esto. En el fondo la obra dice que no son ellas las locas, es este mundo el loco, y en eso hay una voluntad de redimirlas un poco en su locura, porque es más complejo que decir si algo está bien o mal, o si alguien miente o no. Como creadora me gusta habitar ese lugar donde nada está muy claro porque es más interesante discutirlo o perderse en eso, y que finalmente sea el público el que elija qué postura tomar. No me parece que desde el teatro se asuma un rol moralizante y se te diga qué hacer.

© Fabián Flores Bernales
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Una dirección feminista

Además de interpretar y construir los relatos y testimonios de estas mujeres, en Impostoras es el propio elenco de actrices el que controla las luces y sonidos, “quería que las actrices se vieran fuertes, claras, seguras, poderosas, controlando la situación escénica. Todo esto tiene una relación discursiva respecto a la obra, pues si yo quiero construir mi identidad y mis relatos, entonces también tengo que tener el control de mi puesta en escena”.

¿Hay un enfoque feminista en esto?

— Sí. Eso de que las actrices controlen todo tiene esa doble intención. Por un lado, apoya el discurso de la obra y, al mismo tiempo, hay una propuesta de dirección con un enfoque más feminista que yo quería que se viera reflejada en las decisiones estéticas de la obra. Entonces fue una decisión que vino desde mi rol de directora, desde las necesidades que tenía creativa y políticamente.

Por esta razón decidiste trabajar sólo con un elenco de mujeres

— Sí, venía hace mucho tiempo trabajando en procesos creativos con hombres, sentía que necesitaba probar, construir, comprender qué era trabajar con mujeres, qué dinámicas podíamos crear. Sobre todo en la dirección que ha estado liderada mayoritariamente por hombres durante largo rato, y que en sus formas todavía tiene muchas prácticas que son patriarcales. Aparentar siempre tener claridad en todo, ser una persona infalible. También el rechazo a la crítica, los cuestionamientos y la duda. Incluso me parece que está esa idea en el medio de que cuando los directores tienen ideas y claridades son genios, mientras que las mujeres somos mandonas.

Y en este proceso de formación como directora, ¿de qué manera te ayudó participar en el Programa de Dirección Escénica?

— Creo que es súper acertada la idea de generar un programa de formación en dirección en Chile. Si bien hay muchas cosas por desarrollar o clarificar todavía, creo que es un espacio importante porque no hay muchas instancias para compartir con otras creadoras y creadores. Discutir las ideas, las dudas, las confusiones con otras personas es muy enriquecedor, creo que así se debería crear siempre, exponiendo los trabajos, abriéndolos a otros, porque conversando y discutiendo le empiezas a dar forma a las cosas.

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