Stefan Kaegi: Cómo escenificar la vida después de la muerte

| Stefan Kaegi: Cómo escenificar la vida después de la muerte

14 de Enero de 2019

Nachlass – Pièces sans personnes –uno de los grandes eventos de esta versión de Santiago a Mil– es una aclamada instalación teatral que expande lo que entendemos como teatro y que, de paso, nos enfrenta a una pregunta que rara vez nos hacemos: cómo queremos que nos recuerden una vez que dejamos este mundo.

Vivimos tiempos en que escenificar la vida a través de las redes sociales se convirtió en una costumbre, en que construirse una identidad virtual también es, a ratos, un requisito para para habitar el mundo real. La globalización y las nuevas tecnologías han transformado la existencia de manera radical, al punto de que incluso la muerte se entiende de formas distintas a las del pasado: en París, Londres, Santiago y en un sinfín de ciudades, los cementerios se han convertido centros de peregrinaje para turistas; la eutanasia es un tema de debate público, y así como muchos piensan cómo diseñar sus vidas en Instagram, Twitter o Facebook, otros también deciden esbozar cómo serán sus muertes.

¿Se puede escenificar la memoria y la imagen que queda entre los vivos cuando alguien fallece? El director suizo Stefan Kaegi, uno de los fundadores de la aclamada compañía Rimini Protokoll —presente en Santiago a Mil 2015 y 2017 con Remote Santiago y AppRecuerdos— , y el escenógrafo Dominic Huber reflexionaron en torno a esta pregunta trabajando el concepto de “Nachlass”, una palabra alemana que remite a todos los bienes materiales e inmateriales que deja alguien cuando muere.

Así nació Nachlass – Pièces sans personnes, una instalación teatral que será uno de los grandes eventos de la versión 2019 de Santiago a Mil y con la que buscan enfrentar al público con una realidad inevitable: todos, en algún momento, tendremos que pensar en lo que le legaremos a los que, tarde o temprano, dejaremos atrás.

Kaegi vuelve al teatro documental —una tradición en la que la compañía Rimini Protokoll ha sido una de las grandes innovadoras— y expande las definiciones de teatro, performance e instalación para crear una pieza inclasificable, algo así como una experiencia emotiva, física y sensorial en que los visitantes recorren ocho habitaciones que albergan el legado de ocho personas de distintos orígenes y profesiones cercanas a su muerte.

“Este viaje al mundo de la muerte no es ni siniestro ni sombrío. Es una invitación a reflejarnos en nuestra posteridad”, se dijo sobre la pieza en el diario Le Soir, una opinión compartida por la crítica europea, que alabó este proyecto de forma unánime. Stefan Kaegi insiste en esa idea: “esta instalación no es sobre el miedo a la muerte”, aclara desde Suiza.

¿Por qué defines Nachlass – Pièces sans personnes como una instalación teatral? ¿Cómo describes este concepto?

La palabra “pièce” tiene dos traducciones en inglés: habitaciones y piezas teatrales. Para mí, Nachlass es una instalación con ocho obras de teatro, solo que los protagonistas no aparecerán físicamente, porque varios de ellos ya no están vivos.

Recopilaste una gran cantidad de testimonios e hiciste una investigación extensa. ¿Cómo imaginaron junto a Dominic Huber la forma que tendría este proyecto?

Trabajé junto a ocho protagonistas, que por diferentes razones están cerca de la muerte. Ninguno de ellos irá a Santiago, ya que solo algunos de ellos todavía están vivos. Anticipándonos a esto, creamos con ellos y con el escenógrafo Dominique Huber habitaciones en las que pueden actuar en su ausencia. En la que pueden montar su propio legado. Es una suerte de cementerio portátil en un tiempo en que los cementerios parecen obsoletos, ya que las familias a menudo se han vuelto muy nómades o globalizadas para conectarse con una tumba física, y en el que, además, una gran parte de lo que dejamos al morir es digital.

¿Cómo escogiste los ocho testimonios que forman parte de Nachlass?

—Conocí a más de 60 personas que por distintas razones estaban cercanos a sus muertes. No se trata sobre ellos de un modo personal, sino de sus historias, y lo que creamos juntos me permitió enmarcar/destacar ciertas cosas sobre las que encontré relevante hablar en esta sociedad: un padre que sufre una enfermedad rara que no le permitirá ver a su hija cuando crezca; un exembajador que trabajó en varios países africanos y que está creando una fundación para decidir a quién le va a heredar su riqueza; un paracaidista apasionado que arriesga su vida cada fin de semana y ha tomado medidas poco comunes para mantener a su familia después de su muerte prematura; un neurocientífico que trató casos de demencia a lo largo de su vida y que hoy se enfrenta él mismo al Alzheimer.

¿Por qué decides trabajar en torno a un tema sensible como la muerte?

—Los cementerios han perdido su importancia en tiempos en que las familias se han globalizado, es decir, se han internacionalizado. Asimismo, la gente que define el significado de sus vidas sin una dimensión religiosa construye su propia idea de lo que será su vida después de la muerte. Ya que tenemos medios para prolongar la vida, deberíamos también pensar de manera constructiva sobre cómo y cuándo darle un fin. Y, claro, sobre lo que dejamos atrás una vez que morimos.

Samuel Rubio
Samuel Rubio
Samuel Rubio