Claudia Cabezas y Nicolás Zárate: dos intérpretes para una gran coreografía

Nicolás Zárate y Claudia Cabezas

Claudia Cabezas y Nicolás Zárate: dos intérpretes para una gran coreografía

6 de Septiembre de 2019

Las Palmeras Salvajes, es el primer nombre confirmado de la programación del Festival Internacional Santiago a Mil 2020. Una inédita coproducción chilena-francesa, que reunirá a la destacada directora Séverine Chavrier, con los actores locales Claudia Cabezas y Nicolás Zárate. Sobre esta experiencia de trabajo colaborativo, con un viaje a Europa de por medio e intensas jornadas de ensayo, conversamos con sus protagonistas para conocer más detalles de uno de los esperados estrenos del Festival.

Por José Arroyo Mancilla

La idea original era que Séverine Chavrier presentara en Santiago a Mil 2020 su obra Las Palmeras Salvajes. Una adaptación de la novela homónima del norteamericano William Faulkner (premio Nobel de Literatura 1949 ), que la directora estrenó en 2014 con elenco francés. Sin embargo, hubo un giro radical. Comisionada por Fundación Teatro a Mil, Séverine asumió el desafío de montar la pieza desde cero, con actores chilenos y hablada en español. De esta forma, y como parte de la Fábrica de Creación, una de las líneas curatoriales de la edición 27 del Festival, Claudia Cabezas y Nicolás Zárate (Arpeggione), asumirán roles protagónicos para la versión latinoamericana de este aplaudido montaje.

Una temporada en Estrasburgo

En junio de este año, Claudia y Nicolás viajaron a la ciudad de Estrasburgo, Francia, para comenzar a trabajar con Séverine y los actores Laurent Papot y Deborah Rouach. “Nos citaron a esa ciudad porque tenían una temporada en el Teatro Nacional, entonces la idea era que nosotros viéramos la obra. Estuvimos una semana allá y asistimos todos los días a las funciones donde fuimos aclarando algunas cosas”, recuerda Claudia. Previo al viaje, ambos estudiaron el montaje revisando el registro, el texto, la novela de Faulkner y concertando varias reuniones por videollamada con Séverine, lo que les permitió llegar al encuentro con la directora “con la obra no aprendida, pero comprendida”, asegura Claudia. La idea siempre apuntó a crear una interpretación propia de la obra y no presentar una copia de la versión original.

“Ellos fueron tomando la base textual de la novela de Faulkner, y sobre eso fueron haciendo improvisaciones y un trabajo de investigar en la escena, y desde ahí empezó a salir la obra”, explica Nicolás, agregando que “entonces algunas cosas textuales de la novela están presentes, pero no son precisamente los diálogos de los personajes, porque ella fue trabajando con los actores en una visión bien críptica y poética de la obra que se transformó en la visión del grupo, en base a esas improvisaciones, un proceso del que no fuimos parte, porque nosotros llegamos a ver ya la obra hecha”. Para ambos resultó determinante entender y adaptarse al mecanismo de Chavrier, a la estructura de la obra, pero al mismo tiempo, con la libertad y posibilidad de incorporar lo nuevo que ellos traían como intérpretes.

“Primero tratamos de hacer lo que estaba hecho para después ir profundizando en las escenas.Trabajar con ella fue muy grato porque nos dio el espacio para poder jugar en las escenas con nuestras propias interpretaciones de lo que nosotros vimos, o sea, si bien tratamos de seguir una estructura particular de la obra, que ya está súper marcada por algo rítmico, sonoro, musical y visual, la parte interpretativa, de cómo interpretas esa estructura, corrió por parte nuestra y ese fue el trabajo que fuimos haciendo con ella, ver cómo podemos calzar esta obra de estos cuerpos franceses a este par de actores chilenos, con nuestra corporalidad, con nuestra habla y con nuestra calidad interpretativa”, explica Nicolás.

Siguiendo esta idea, Claudia agrega que “el teatro siempre tiene algo de biográfico, de alguna manera, cuando uno interpreta, y ella lo tenía super claro. Por eso no quiso que nos aprendiéramos la obra de memoria, estaba muy atenta a conocer lo que nosotros traíamos desde nuestra cultura. Nosotros veníamos con propuestas, y también con preguntas, y yo la sentí muy abierta a conversar a partir de nuestras visiones personales y culturales."

Una gran coreografía

Séverine Chavrier es una artista que trabaja un teatro anclado en la literatura. A partir de la obra de William Faulkner, Flannery O’Connor y otros grandes autores norteamericanos, va incorporando como material dramático una diversidad de elementos –el cuerpo, la música, la voz, el video, la luz y otros dispositivos escenográficos– construyendo obras de gran dinamismo escénico.

Consultados acerca de sus impresiones al ver Las Palmeras Salvajes, Claudia destaca justamente ese dinamismo en escena, señalando que “más que de texto es una obra de puesta en escena, es una gran coreografía, todo lo que hacen los actores durante los apagones es impresionante, porque los actores están todo el rato moviendo cosas, entonces lo que nosotros hicimos allá fue conocer la coreografía que hacen ellos, el actor (Laurent Papot) nos fue explicando lo que pasaba entremedio, en lo que no se ve, es una obra muy demandante físicamente, es armar, construir imágenes, y fue muy entretenido para nosotros la experiencia de estar trabajando con gente de otro país, de otra cultura, otra manera de ver el teatro."

Para Nicolás ha sido de las obras más técnicas en las que ha trabajado, debido lo particular de su exigencia actoral, donde el actor debe tener una técnica para mantener la estructura en pie, y también por la musicalidad de la obra, algo que, para él, como músico, le permitió generar un espacio de conversación con Séverine desde ese espacio. “Ella es músico, y me di cuenta de la gran musicalidad de su obra, y como yo también soy músico, lo que más hablaba con ella era cómo vamos a traspasar esta musicalidad del lenguaje, considerando algo tan simple como que en francés para decir algo se ocupan dos silabas y nosotros en español ocupamos cinco, entonces yo le decía que incluso musicalmente esto va a cambiar y ella decía que sí. Estuvimos hablando mucho acerca del lenguaje también, entonces yo trato de traspasarlo a nuestro lenguaje pero sin perder esa musicalidad, la obra y la forma en que ella trabaja es muy musical, muy rítmica”.

Un amor de otros tiempos

Las Palmeras Salvajes (1939) fue la undécima novela escrita por Faulkner, un relato que describe la pasión brutal de Charlotte Rittenmeyer, quien deja a su esposo, a sus hijos y su tranquila vida burguesa para amar a Harry Wilboure, quien a su vez interrumpe su internado médico para escapar con ella, un amor que se transformará en un descenso al infierno que pondrá a prueba sus convicciones a través de esta aventura por distintas ciudades de Estados Unidos.

Tanto Claudia como Nicolás habían leído la novela Santuario (1931) y ambos destacan la calidad de Faulkner y la complejidad de sus personajes, algo que se refleja en la adaptación de Chavrier, pero sin perder la dinámica escénica generada por Séverine. “Conocía la obra de Faulkner y lo complejo del universo psicológico de sus personajes. Sin embargo, esta obra no es una obra psicológica, justamente lo más interesante es como ella a partir de los textos de la novela ella va trabajando a partir de la sonoridad, porque la sonoridad para ella es súper importante, hay ecos, hay sonidos, de hecho el algunas puestas en escena ella toca piano, a ella le importa mucho construir con los ritmos los tiempos de las escenas, porque lo que todas esta imágenes intentan es rescatar el universo de Faulkner y la mirada sobre el amor que el plantea en la novela; hay textos que ella no quiere que cambien, que están en la novela, pero hay otros que pueden ser improvisados en relación a los contextos personales también, es una obra muy autoral donde los actores también aportaron mucho a la elección de las palabras que se dicen ahí. Me parece súper destacable que se vuelva a hablar sobre el amor y visto desde la mirada de una mujer que tiene también un rollo con el teatro muy claro, creo que es interesante volver a hablar del amor desde esta visión femenina”, destaca Claudia.

Para Nicolás “es un amor más novelesco, impulsivo, pasional donde deja atrás todo lo que puede ser la razón y pasa a tener netamente emocional casi inconsciente, como que estos personajes que deciden dejar todo atrás se arrojan a su existencia. Es un amor lindo, donde uno se ciega y deja todo detrás, deja de escuchar, dejar ver el mundo y se encierra en el otro solamente”. Sin embargo, para el actor lo más importante es que “para la época es una novela súper adelantada, atreverse a dejar atrás los patrones morales, por ejemplo ella es mayor que él, ella deja los hijos y eso ya en la época es una cosa terrible. Plantea el ejercicio de la libertad desde la perspectiva del amor, pero para mí más que nada lo que hacen ellos es un ejercicio de libertad el que hacen ellos deciden ejercer esa libertad y no dejan que la sociedad, ni los deberes morales ni la ética del momento cambien su percepción de la decisión que tomaron”.

Las Palmeras Salvajes es una coproducción de Fundación Teatro a Mil, Centre Dramatique National d’Orléans e Institut Françoise, con la colaboración de Centro GAM.

Dirección: Séverine Chavrier | Dramaturgia y escenografía: Benjamin Hautin | Sonido: Philippe Perrin | Iluminación: David Pérez | Video: Jérôme Vernez | Conjunto de construcción: Ateliers Théâtre Vidy-Lausanne |Producción técnica: Daniela Valenzuela | Elenco: Claudia Cabezas, Nicolás Zárate | Coproducción: Fundación Teatro a Mil, Centre Dramatique National d’Orléans, Institut Françoise. Colabora: Centro GAM.