Chela de Ferrari: “Buscaba una obra para cantar, bailar y celebrar el amor”

| Chela de Ferrari: “Buscaba una obra para cantar, bailar y celebrar el amor”

9 de Enero de 2019

La reconocida directora teatral y dramaturga peruana presentará en Santiago a Mil su último trabajo: Mucho ruido por nada, una original adaptación de la obra de Shakespeare que busca reivindicar los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y, de paso, cuestionar la homofobia, la violencia y los roles de género presentes en la sociedad.

Por Evelyn Erlij y Francisca Valenzuela

En medio de las movilizaciones de la comunidad LGBTIQ+, un proyecto de Ley de Unión Civil fue presentado en 2013 por el congresista peruano Carlos Bruce. La propuesta causó revuelo mediático porque contemplaba la unión de parejas del mismo sexo, pero dos años más tarde fue rechazada por el Congreso de ese país.

Este hecho gatilló frustración e impotencia en miles de ciudadanos que mantenían la ilusión de avanzar hacia el matrimonio igualitario y también la disconformidad de la directora Chela de Ferrari, quien decidió llevar el tema a escena a través del montaje Mucho ruido por nada: “Mientras buscaba esta obra, caí en cuenta de que el 2016 se cumplían los 400 años de la muerte de Shakespeare. Elegí Mucho ruido por nada porque nos permitía retratar un mundo patriarcal y hablar sobre la injerencia de la comunidad en la plena realización del amor de pareja. La acción se desarrolla en una pequeña y conservadora comunidad siciliana, de una mentalidad muy similar a la de nuestra sociedad peruana hoy”, dice la directora.

Una de las particularidades de Mucho ruido por nada es que la directora convocó a un elenco compuesto sólo por hombres, haciendo alusión al teatro isabelino, en el que las mujeres tenían prohibido actuar y los hombres representaban papeles femeninos. No obstante, Chela De Ferrari les pidió que no hicieran nada por intentar parecerse a una mujer: sin maquillaje ni pelucas, son ellos lo que interpretan los papeles femeninos.

¿Cuál fue tu motivación para crear este montaje?

—Quería programar una obra desde la perspectiva gay, pero esta vez alejándome de cualquier propuesta dramática. Entonces apareció una imagen que se convertiría en la guía de este proceso. La primera vez que vi una manifestación de amor entre dos personas del mismo sexo fue en Nueva York, hace más de cuarenta años. Una imagen impensable en el Perú en esos años. Dos hombres, evidentemente enamorados, caminan de la mano libremente y sin pudor alguno, se detienen, se miran tomados de ambas manos por un rato, se besan y luego siguen caminando. Esta imagen, y la emoción que me produjo, me acompañaron a lo largo del proceso de creación de la obra. Este recuerdo me regala el final de la obra: dos hombres tomados de la mano. Y en el proceso las ideas van escalando: dos hombres de la mano y casándose. Dos hombres de la mano casándose y rodeados de personas que apoyan esa unión.

¿Por qué decides que los actores interpreten los papeles originalmente femeninos?

—Pedí a los actores que no hagan nada por parecer mujeres, que trabajen sin ningún tipo de artificio, sin forzar nada, y que dejaran de lado todos los estereotipos que tenían archivados. Me entusiasmaba mostrar, a través de cada una de sus mujeres, un espectro diverso de posibilidades expresivas, como amplio y diverso es el universo femenino. Aspiraba construir una imagen amplia de lo femenino y lo masculino. Aunque la historia es heterosexual, cosa que respeté, creía que la propuesta ayudaría a recordarnos que bien podría tratarse de una pareja del mismo sexo, y que el derecho al amor de pareja —y su reconocimiento social— va más allá de los géneros.

¿Te parece que actualizar los clásicos desde una mirada contemporánea es un ejercicio necesario para derribar ciertos estereotipos o prejuicios que se han perpetuado a lo largo del tiempo?

—Los clásicos perduran en el tiempo porque nos permiten una lectura doble. Por un lado, nos muestran las perspectivas particulares de su época y, por otro, tocan temas universales. En la comedia que escribió Shakespeare, se retrata el comportamiento de una pequeña y conservadora comunidad siciliana con la cual es fácil identificarnos. Shakespeare retrata con maestría las complejas relaciones de pareja, pero entonces no se cuestionaban asuntos que ahora nos preocupan como sociedad; como la dominación sobre la mujer o la violencia de género.

En el caso de Mucho ruido por nada tuvimos que cambiar el final de Shakespeare. En la versión original, la joven, personaje central, acepta casarse con el novio que la agredió físicamente. En nuestra versión, el actor que hace el personaje de la joven se niega a seguir con la obra y detiene la función. 14 actores debaten acaloradamente: ¿la causa de la violencia contra la mujer o el final de Shakespeare?

Ya habías abordado el tema de la homosexualidad en El beso de la mujer araña. ¿Qué te impulsó a seguir explorando el tema en Mucho ruido por nada?

—Había abordado este tema, pero esta vez quería alejarme de cualquier propuesta dramática. Buscaba una obra para cantar, bailar y celebrar el amor. En Teatro La Plaza tenemos un fuerte compromiso con este tema. El elenco y el equipo del teatro decidimos que seguiremos presentando Mucho ruido por nada hasta que la Unión Civil sea aprobada por el Congreso. Queremos que esto sea ley y creemos que representar la obra en escena es acercar esa posibilidad a nuestra comunidad. Nos emociona confrontarlos con la pregunta que hacemos al público en la última escena cada noche: ¿hay alguien aquí que se oponga a esta unión?

¿Qué quisieras provocar en el público chileno con Mucho ruido por nada?

—Si bien el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTIQ+ en Chile está más avanzado que en Perú, ya que todavía no contamos con una Ley de Unión Civil para personas del mismo sexo, creemos que este reconocimiento legal no ha ido de forma paralela con el reconocimiento social. El tema sigue siendo necesario de abordar y esperamos ser un espacio de reflexión.

La obra también arremete contra el machismo y la violencia de género. ¿Cómo defines el papel del teatro en la sociedad?

—Lo que diferencia al teatro de cualquier otro arte, es su carácter ritual. Lo que sucede en el escenario cada noche es único e irrepetible. Y el público es parte de ese rito. La relación que más me conmueve es la que se produce entre actores y público, ese contrato social aparentemente invisible que se genera entre desconocidos.

Las sociedades con teatro son mejores sociedades, las que todavía cuentan cuentos son mejores sociedades, esas historias nos dan arraigo, le dan significado al suelo que pisamos, al pasado. El teatro nos confronta con aquello que no queremos ver, con nuestra historia olvidada, nos hace recordar de donde venimos y nos coloca frente a la pregunta de dónde queremos ir.

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Mucho ruido por nada se presentará en Matucana 100 desde el 14 al 16 de enero a las 20:00 horas. Compra tus entradas aquí.